dimarts, 18 de març del 2014

La profundidad de su fe cristiana

Hablar de la personalidad de Quim no és tan fácil cómo uno supondría en un primer momento. La proximidad de la relación en unas circunstancias concretas es quizás una dificultad añadida al ser también una personalidad conocida por sus escritos y publicaciones. Una persona con la que has compartido momentos importantes de la vida. Alguien de la familia, como muchos otros amigos que ha tenido a lo largo de los años. Algunos de estos amigos nos encontramos el lunes 23 de diciembre en la plaza de la Iglesia en Sant Just, después del funeral. Quim, efectivamente, tenia muchos amigos. Amistades transversales, en el sentido tanto cronológico como de diversidad de ambientes sociales. Amistades de cuando ejercía de coadjutor en la parroquia, amistades de profesión periodística, amistades de la plaza donde conversaba últimamente con otros jubilados, amistades desde el ejercer como acompañante de procesos personales. Acompañante, digo, porque él no pretendía, ni consciente ni al contrario, ejercer ningún tipo de dirección espiritual o psicológica de nadie. En este sentido formaba parte de una generación intelectual que ha creado escuela y ha tenido influencia crítica, desde la ética de la libertad. Libertad enraizada en los valores familiares heredados y ejercidos, a modo de cooperativa, con sus hermanos Joan y Llorens. Los Gomis tenían su propio carácter y personalidad a la vez independiente y a la vez bien reconocible desde otras atalayas. Quizás por ello recibían, los Gomis, algunas críticas desde perspectivas opuestas, tanto de la Iglesia cómo de la sociedad civil, que ahora decimos. Suele ocurrir.

Por tanto, Quim era fiel a las amistades que había cosechado. Ejercía una influencia discreta desde la libertad de cada uno, la suya incluida. No tenía afán de quedar bien sino de relacionarse desde el respeto total a la persona y a sus opiniones. Nada más y nada menos. La acogida era natural en él. Su sonrisa de complicidad invitaba a la conversación amable, a la intimidad de algunos asuntos o al debate sobre la política y la Iglesia. La confianza se establecía sin esfuerzos suplementarios o reservas innecesarias. Ahora sentiremos más su ausencia porque ya no podremos contar con aquel encuentro donde salen todos los temas y él escucha y apostilla o complementa o pregunta como si no hubiesen pasado los meses desde la última vez. "Y aquel proyecto que tenías entre manos?" "Has empezado ya la construcción de la Iglesia?". "Solidança continua bien, a pesar de la crisis?" "Has vuelto a Africa y has participado del Forum Social Mundial en Dakar, por qué no lo cuentas para Foc Nou?" "Leí un comentario tuyo sobre el Papa: no podrías responder a un par de preguntas para El Ciervo?". Joaquim seguía mi pista aunque yo estuviese despistado, y no le comentara mis actividades.


Hace ya un montón de años el grupo de compañeros curas que compartíamos reflexión y fe le pedimos que nos hiciera de consiliario, que nos ayudara en esta tarea de discernimiento de actitudes y compromisos personales. Recuerdo esta etapa con mucho cariño porque se fraguó amistad y sentido crítico. Los temas más personales se podían proponer con toda franqueza y él mismo se implicaba con sus propias dudas y experiencias. El grupo como tal se reconstituyó varias veces pero la relación personal continuó en la nueva etapa, de otras maneras. Tanto en el grupo como posteriormente, siempre me interrogó su talante espiritual y religioso, alejado de cualquier atisbo de formal pietismo. Este carácter también lo había observado en su hermano Joan, cuando era presidente de Justicia i Pau de Barcelona. Practicar, es decir, celebrar la fe cristiana y rezar desde la naturalidad más natural, y que se me perdone la expresión. Joaquim y Montserrat, su esposa, se acercaron muy a menudo y durante largo tiempo a la humilde parroquia en un barrio de Sant Joan Despí. Aquí se casaron, después de los trámites de la secularización, en la Verge del Carme, no lejos de Sant Just. Y aquí participaban de la eucaristía muchos domingos y fiestas importantes. De vez en cuando comentaba alguna anécdota  en sus apuntes periodísticos y alguna crítica amable. Era un feligrés más, reconocido por la comunidad. Leía la lectura  si se lo pedían y aceptaba salir al presbiterio para que, en la noche del Jueves Santo, el sacerdote le lavara los pies. Ni protagonismo, ni falsa humildad. No sabré explicarme seguramente, pero Joaquim vivió la fe cristiana con profundidad y compromiso, sin aspavientos, sin añadidos ni edulcorantes, rotundamente. Y se lo agradezco de veras, como amigo y como sacerdote de esta parroquia donde era reconocido y apreciado.


Preocupado por todo lo que vivía la Iglesia, desde siempre, desde las bambalinas de la liturgia, y lo digo sin ironía, a los análisis de coyuntura, debates, prospectiva teológica y pastoral etc. Lo de imaginar la posibilidad de un Concilio Vaticano III va en esta línea de preocupación seria. Si en alguna ocasión yo expresaba el temor a un retroceso mayor respecto al Concilio, él ya pensaba en que el invierno eclesial se estaba terminando. Más tarde yo le insistía que quizás nos habíamos equivocado y solo era el otoño; que el invierno estaba por llegar. Y él: "los brotes verdes están ya  a punto. "Y va, y cuando menos lo esperábamos, nos sale el papa Francisco por el ventanal del Vaticano pidiendo a la multitud que lo bendiga. Cómo me alegro de que Joaquim, el empedernido defensor del Concilio, hijo del Concilio, periodista identificado con aquel acontecimiento histórico, haya podido disfrutar de ese aire de evangelio y libertad que nos contagia el nuevo Papa, obispo de Roma. Las perlas que él había recogido de diferentes elocuciones del Papa son una verdadera antología del breve magisterio que ha ejercido hasta ahora. Sus pinceladas del estilo y personalidad del Papa marcan ya un programa pastoral de nueva evangelización. Comparto con Quim  la ilusión y la esperanza que empieza una etapa nueva para la Iglesia, a los cincuenta años del Concilio Vaticano II. Y quien lidera esa nueva primavera es quien tiene el timón de la barca de Pedro. Una situación paradójica, si tenemos en cuenta que muchos obispos no tienen ahora el mismo entusiasmo que muchas personas alejadas de la fe. Espero que Joaquim, desde el cielo, y a seis manos, junto a sus hermanos Llorens y Joan, puedan preparar las bases para un nuevo Concilio tal y cómo el ya había imaginado. Supongo que en el cielo, la jubilación no significa dejar de trabajar sino trabajar de otra manera. Así lo espero. Gracias Quim por tu amistad y tu confianza. Y por tu libertad contagiosa! Un abrazo.

Josep Maria Fisa
Sacerdote  
Parroquia Verge del Carme de Sant Joan Despí


El Ciervo núm. 475, enero-febrero 2014.

dimarts, 11 de març del 2014

Un señor libre

En el edificio de la redacción de El Ciervo había hace unos años una amable y educada portera, Montserrat. Había visto pasar por aquellas escaleras a toda la familia de esta revista. Tras la muerte de Lorenzo Gomis en 2005, su hermano Joaquim empezó a venir a echar una mano más a menudo. Cuando entraba, la señora Montserrat le decía: “Buenos días, señor Gomis”. Cada saludo, según decía Joaquim, le recordaba que era el último “señor Gomis” que quedaba. 
Joaquim Gomis Sanahuja, de 82 años, murió de repente en la madrugada del sábado 21 de diciembre. Se había levantado a echar un vistazo al ordenador -lo hacía cuando no podía dormir- y quizá a fumar un cigarrillo o comer una galleta danesa. Cuando volvió hacia la cama, le costaba andar. Su mujer, Montse, se dio cuenta, quiso ayudarle y con esfuerzo logró meterlo en la cama. Joaquim dio entonces un gran suspiro. Al rato llegó el médico, que solo pudo certificar el fallecimiento. Joaquim moría igual que su hermano Lorenzo: de repente, en casa, cerca de la cama, haciendo lo que hubiera hecho un día cualquiera en época navideña.

Joaquim, igual que sus hermanos, Joan y Lorenzo, fue uno de los fundadores en 1951 de El Ciervo. Después pasó por el seminario, se ordenó sacerdote y fue vicario en Sant Just Desvern, un pueblo cerca de Barcelona. En 1962 viajó a Roma como doctorando, pero sobre todo tuvo la suerte de poder observar de cerca a su admirado Juan XXIII y el inicio del Concilio Vaticano II. Un año después volvió a Barcelona para trabajar en el Centro de Pastoral Litúrgica. Con las publicaciones del Centro, ayudó a miles de sacerdotes a aplicar las novedades litúrgicas del Concilio Vaticano II: las misas ya no eran en latín ni de espaldas. En aquellos años empezó su relación con la revista Foc Nou, que al poco tiempo se mudó a esta casa y creció como hermana pequeña de El Ciervo. Joaquim se secularizó en 1992 para casarse con Montse Obiols. Se jubiló poco después, pero nunca dejó de escribir. Es el oficio al que más tiempo dedicó en toda su vida y con el que se describía: escritor.
Aprendí mucho de Joaquim. Le conocía bien desde hace solo diez años.   Para preparar este número he leído textos suyos de todas las épocas. He descubierto un libro que no sabía que existía: Jukebox. Para el final de la adolescencia (Sígueme). Son textos que enviaba en 1962 desde Roma a siete adolescentes que había conocido en Sant Just Desvern. Joaquim tenía entonces poco más de treinta años. Leía esas cartas -hay algunos fragmentos en el apartado “El diccionario de Joaquim Gomis”- y veía al Joaquim que conocí con setenta. Cuando charlaba con él hace poco, ya con ochenta años, me daba cuenta de que las percepciones en la vida -las reales, las importantes de verdad- apenas cambian. Podemos cambiar de opinión, no de formación.
Veía en Joaquim a ese joven que fue porque aún lo era. No tenía nada más de viejo que el paso lento y el bastón. Resultaba fácil imaginarlo en Roma, disfrutando entonces de lo mismo que ahora. Describe por ejemplo un domingo de Pascua en Florencia. Con dos amigos sacerdotes, subió a Fiésole: “Nos sentamos en unas escaleras, ante el convento de San Francisco y con el panorama de Florencia por delante. Bajo el sol, bajo un cielo suficientemente azul, con un aire bastante agradable. Tomamos nuestros helados. Fumé mis pipas. El brasileño contaba cosas del Brasil. Y el mundo desfilaba por allí. Una tarde de fiesta, de primavera, de domingo, de Pascua”. Y un poco más adelante: “Pasaba todo el mundo, sí, todo el mundo. Era divertido verlos subir por las escaleras, adivinar de qué país eran”. Aquel Joaquim era el mismo de sus charlas en el banco de los jubilados en Sant Just, con sus cigarrillos y sus amiguetes, que seguro que le contaban cosas, porque Joaquim prefería escuchar, y podía ser igual que aquella tarde de Pascua hace cincuenta años. Se puede viajar, leer, trabajar más, pero son detalles. La elección de una vida libre, auténtica, sencilla es más difícil: “La libertad no depende de los demás, no depende de las circunstancias que componen nuestra vida”.
Hace poco el buen amigo José Martí Gómez -del Español, como Joaquim- le entrevistó en la cadena Ser (la deliciosa charla sigue en la web de la emisora). Le preguntaron si le hubiera gustado, en su época de sacerdote, llegar a obispo. Joaquim rió y dijo que no era para él: “Me gusta ser libre, no me gusta mandar”. Joaquim creía que en la Iglesia se podía ser libre, pero solo abajo, con la gente sencilla, que era una expresión que usaba a menudo. Es cierto que fue libre y le gustaba serlo y no me imagino un mayor logro.

En verano, leyó Los hermanos Karamazov, de Dostoyevski (fue una recomendación pública del papa Francisco, a quien admiraba, y que animó a Joaquim a volver a leer la novela). Tras su muerte, miré en su ordenador por si había dejado algún artículo a medio hacer. Junto a la pantalla, tenía fotos de toda la familia al lado de otras más sorprendentes, en viejo papel de periódico: una de Claudia Cardinale y dos de la modelo Naomi Campbell. En uno de sus últimos documentos del ordenador había una lista de frases de los Karamazov. La familia decidió usar dos para el recordatorio del funeral: “No podía amar pasivamente, para él amar era ayudar” (cuando preguntaron a Montse, su mujer, si le parecía bien esa frase, dijo: “Es lo que hemos hecho toda la vida”) y “Con amor todo se salva”.
Todas las frases reflejaban en buena medida al joven Joaquim. Esta enlaza con la tarde de Pascua en Florencia: “La vida es un paraíso, todos estamos en el paraíso, pero no queremos reconocerlo; si quisiéramos reconocerlo, mañana mismo la tierra se convertiría en un paraíso”. Me quedo con esta otra: “Lo que importa es que uno no se mienta a sí mismo. Quien se mienta y haga caso de sus propias mentiras acaba por no distinguir ninguna verdad ni en él ni en los otros”. La libertad, la naturalidad y la sencillez resumen el ejemplo de Joaquim. Nunca decía nada que antes no hubiera pensado y creyera. En un editorial hace unos meses intenté resumirlo en una palabra, y le llamé “campechano”. No le gustó, imagino ahora porque la palabra tiene un tono bruto y feo. En su último correo, dos días antes de su muerte, aún me lo recordaba, y me llamaba por otros motivos “murri” (“astuto”, “listillo”, en catalán), para compensar, decía. Era amablemente tozudo y era mejor no hacerle enfadar, pero era fácil evitarlo.

Con Joaquim se va el último “señor Gomis”. Los tres hermanos junto a Rosario Bofill fueron el pilar de esta revista desde el primer día. Todos reflejaban de un modo u otro el carácter de El Ciervo. Eran El Ciervo y El Ciervo era como ellos. Qué pasa ahora con El Ciervo es una pregunta inevitable. Esta revista y quienes la hacemos es su herencia. No habría mejor homenaje que seguir adelante con este proyecto libre, sencillo, profundo, como fueron ellos. Cuando murió Lorenzo Gomis, el director durante medio siglo, el editorial se tituló “Siempre se está empezando”. Eso vamos a hacer mañana, bien acompañados en este camino.

Jordi Pérez Colomé

El Ciervo núm. 475, enero-febrero 2014.

dimarts, 28 de gener del 2014

In memoriam Joaquim Gomis Sanahuja (1931-2013)

(Mons. Pere Tena, publicat a la revista "Phase") Cuatro días antes de Navidad, y pocas semanas después del 50º aniversario de la promulgación de la Constitución Sacrosanctum Concilium, el día 21 de diciembre del año 2013, fallecía repentinamente Joaquim Gomis. Había cumplido 82 años. No es esta, sin duda, la noticia que me gusta escribir en estas páginas de Phase, para comunicarla a los lectores que, desde los primeros números de la revista, y a lo largo de muchos años, han visto en ella su nombre como redactor jefe, y han podido apreciar sus artículos siempre sugerentes, y especialmente en estos últimos años comunicadores de recuerdos y vivencias personales en relación con los miembros del consejo de Phase, con «los colores» de la revista, con la memoria de mucho trabajo realizado. En el último e-mail que recibí de él me hablaba de un artículo que estaba preparando sobre dos amigos que habían pertenecido al consejo de Phase y que él apreciaba particularmente: el padre Adalberto María Franquesa y don Ignacio Oñatibia.
He subrayado al principio las referencias litúrgica y eclesial de la muerte de Gomis porque son dos coordenadas que ponen un marco significativo a este hecho, tan común y a la vez tan entrañablemente sentido cuando ocurre; dos coordenadas que, en cierta manera, definen una parte muy importante de lo que ha sido su experiencia cristiana y su trabajo en la pastoral litúrgica.
El Adviento era ya, el día 21, clara y directa preparación para la solemnidad del Nacimiento del Señor; pero no se había apagado –en realidad no se apaga nunca, y tampoco en la misma fiesta de Navidad- el eco de los anuncios y súplicas acerca de la venida del Señor: «Ven, Señor Jesús! Sí, estoy a punto de llegar» (Ap 22,20). La muerte es una realización auténtica de la «venida» del Señor en nuestra existencia, una puerta estrecha que hay que traspasar para entrar en el sí definitivo de Dios a los que han caminado por el camino de la fe. Gomis quería que estas realidades de la fe fueran vividas conscientemente por los cristianos, y fueran anunciadas a todos los hombres. Sus iniciativas en el Centre de Pastoral Litúrgica de Barcelona se orientaban sobre todo en este campo. La publicación más difundida del CPL –Misa Dominical– fue una iniciativa suya, y es justo reconocer que ha sido desde hace años, y es todavía, un subsidio eficaz y de calidad para la pastoral litúrgica.
Evocar en esta ocasión el 50º aniversario de Sacrosanctum Concilium es evocar todo el trabajo de Gomis en el Centro de Pastoral Litúrgica, y más directamente, en este caso, en la revista Phase. Desde las primeras galeradas, del año 1959, Gomis estuvo presente en la confección de la revista. Con él, juntamente con Farnés, Bellavista y Llopis, preparamos ilusionadamente el comentario a Sacrosanctum Concilium publicado en el núm. 19 de Phase (1/1964), casi como una primicia en la literatura de la Constitución. No es un lugar común afirmar que, sin su colaboración, la revista difícilmente habría llegado a ser lo que es ahora. Es lo mínimo que se puede decir, a mi entender, como merecido homenaje a nuestro amigo. Con el bien entendido de que no me refiero solamente al hecho editorial, sino también a la orientación misma del contenido.
La actitud de Gomis fue siempre positiva. Había asimilado la orientación del beato Juan XXIII, que le marcó intensamente, y que hizo de él un fervoroso del Concilio Vaticano II. En las reuniones del consejo de dirección de Phase, en las conversaciones y comentarios, ponía muchas veces el contrapunto a las lamentaciones por las dificultades y las desviaciones en la celebración litúrgica, haciendo notar lo que era bueno en la realidad pastoral. Los juicios duros le ponían en una situación enojosa.
He pensado, en estos últimos días, en la vocación de Joaquim Gomis. Ha sido con motivo de la lectura que formó parte de la liturgia de la Palabra en sus exequias: el texto de Apocalipsis 14,13: «Oí una voz que decía desde el cielo: Escribe esto…» El texto se había escogido en función de la promesa del descanso: «por cuanto sus buenas obras los acompañan»; pero me impresionó la actualización que recibía en la persona de Gomis la llamada a «escribir». Es realmente lo que ha hecho nuestro amigo, en muchas ocasiones, a lo largo de su vida. Desde los artículos de sus años de Seminario y los primeros libros, hasta su último momento; falleció cuando acababa de redactar un texto en el ordenador. En medio, además de sus artículos en Phase, ha sido colaborador y cofundador de las revistas El Ciervo, y Foc Nou, encargado de la página de información religiosa en los primeros años del periódico Avui, colaborador regular de Vida Nueva, además de varios libros, etc.
Cuando, en el próximo mes de febrero, se reunirá, si Dios quiere, el Consejo de dirección de Phase, notará la ausencia de Joaquim Gomis, como hemos notado otras veces la de otros entrañables amigos. Reconoceremos la impronta que ha dejado en nuestras vidas y en la revista, recordaremos su dedicación, y la generosidad con que abordó los momentos difíciles y comprometidos por los que pasó esta publicación, y el mismo Centre de Pastoral Litúrgica, que él gestionó durante muchos años. Y, sobre todo, daremos gracias a Dios por los dones que le ha concedido en su vida mortal, y pediremos una vez más al Señor que le acoja en su reino.

+ Pere Tena
(Publicat a la revista Phase, núm. 319, de gener-febrer 2014)

dijous, 23 de gener del 2014

Amb els escolans de Sant Just

Benvolguts amics del  Joaquim:
Sóc el Jesús Jiménez  (a la fotografia,  el segon començant per l'esquerra). Vaig ser escolà de la Parròquia de Sant Just Desvern on el Joaquim era el vicari. Amb ell vaig compartir sortides, colònies, celebracions de l'Eucaristia, ..... Bona part de la meva formació va començar en la seva grata companyia. Li estic molt agraït.
Una pregaria i una abraçada per al Joaquim i per a tots vosaltres!
Jesús

La foto és de l'any 1967

Des de l'Agulla


Trist matí avui, 21 de desembre. Missatge primerenc que ens avisa de la mort sobtada d’en Joaquim Gomis, capellà (casat amb la Montse), escriptor, liturgista autodidacta i, sobretot, bon amic, a part de moltes més coses (membre del Centre de Pastoral Litúrgica, cofundador de revistes: El Ciervo, Foc Nou; fundador de Missa Dominical; persona clau en la revista Phase...; membre del Fòrum Vida i Evangeli on ens vam conèixer...). La veritat és que en Joaquim, sempre de bon humor, sempre senzill i proper, sempre creatiu, sempre animador de totes les empreses senzilles i de les complicades es feia estimar molt.  Rumiant-hi una mica més, és que en Joaquim feia confiança en la gent, era un bon potenciador de les capacitats dels amics, i això sempre ajuda a anar endavant. De fet, en Joaquim i la Montse no tenen fills, però a la  pràctica en Joaquim ha exercit de pare a diversos nivells amb molta gent (aquí ens hi incloem en Josep i jo, però em sembla que n’hi ha molts d’altres). 
Una persona fidel a l’Església a les verdes i a les madures (ara estava encantat amb el papa Francesc), bon veí de Sant Just Desvern, tertulià de plantilla del grup de jubilats de la plaça, i ciutadà d’aguda sensibilitat social.
També era lector i admirador (vés per on!) de la revista l’Agulla des del primer dia. I hi havia col·laborat amb algun escrit.
En fi, Joaquim. Que visquis en Déu. Et trobarem molt a faltar. Tant de bo sapiguem continuar amb el teu alè i la teva vitalitat treballant per tot allò que a tots ens apassionava i que, jo crec, forma part del Regne de Déu. 
Per cert, alguns amics hem obert un blog perquè tothom qui ho vulgui pugui expressar la seva amistat amb en Joaquim: http://joaquimgomis.blogspot.com. Els escrits o fotografies es poden enviar a quimgomis@gmail.com.

dimarts, 21 de gener del 2014

Joaquim Gomis i el llenguatge cristià

Potser algun dia algú es decidirà a fer-ho o potser no. Però en tot cas seria realment molt interessant. Es tractaria d’estudiar la contribució del Joaquim Gomis a la creació d’un llenguatge cristià renovat, una contribució que té un moment central en el Concili Vaticà II i en l’etapa directament postconciliar, però que es realitza també tant en els anys anteriors al Concili com quan el Concili ja sembla una mica llunyà. I fins ara, fins a la seva mort inesperada avui fa un mes, el passat 21 de desembre.
I això en un doble nivell. En primer lloc, en el camp de la informació religiosa, sobretot a les revistes Foc Nou i El Ciervo, i també en tots els anys en què va encarregar-se, amb el Joan Llopis, de la pàgina religiosa del diari Avui. Una informació feta deixant clara la seva afectuosa vivència de la fe cristiana, però sense que això li impedís una mirada prou distanciada com perquè resultés creïble per al lector.

I en segon lloc, la seva ingent aportació al llenguatge de la fe expressada i celebrada, a través de la seva tasca al Centre de Pastoral Litúrgica de Barcelona i, sobretot, amb la publicació Missa Dominical que ell va fundar l’Advent de 1968, que tenia –i continua tenint– l’objectiu de facilitar que les celebracions de la nova litúrgia conciliar aconseguissin transmetre tota la seva riquesa. Monicions, pregàries, materials per a l’homilia… tot això va ajudar a consolidar una manera de dir la fe i de dir la vida cristiana que no resultaven encarcarats ni esotèrics, sinó que s’acostaven a la vida de la gent i que, a més, ajudava a fer la litúrgia alguna cosa molt lligada a l’Evangeli, és a dir, a la crida de Jesús a viure en aquest món tal com ell havia viscut. La petja del Joaquim en aquest camp de les celebracions cristianes ha estat, crec jo, definitiu.
Josep Lligadas

dilluns, 13 de gener del 2014

De lo mejorcito que han tenido en el CPL

Treballadors i membres del CPL. Bon rotllo, amb el tarannà d'en Joaquim!
En el meu últim cumple no vaig rebre correu de felicitació de part teva. El dia abans havia rebut un missatge “J.G. ha mort”. No m’ho podia creure, feia dos dies que havies estat al CPL i havíem estat parlant, converses no gaire transcendentals, futbol, els teus gats, com estava la Laia, els jubilats del banc…, però si calia podia parlar amb tu de qualsevol tema, sempre escoltaves….
Ens ha quedat pendent que t’ensenyés com funcionava allò del Facebook, em va fer molta il·lusió veure la teva sol·licitud d’amistat, haguéssim rigut molt.
Avui, quan segur que hauries trucat per parlar amb el Miquel, tocava parlar de futbol, el teu Espanyol va jugar amb el Madrid i va perdre, la veritat que no et puc comentar gaire més, no el vaig veure, però pel que he pogut llegir, no va ser un gran partit….
El divendres vaig rebre una trucada d’un client de Jaen, volia fer una comanda d’un cantoral de MD, en acabar de fer-la em va preguntar si trauríem algun llibre teu, li vaig dir que no en sabia res, però que si féssim alguna cosa, sortiria publicat a MD.
Em va donar les gràcies i abans de penjar em va dir; “Espero que lo hagan, Gomis ha sido de lo mejorcito que han tenido en el CPL”. Doncs si, en molts aspectes, no hi puc estar més d’acord!!


Salomé – amiga i companya del CPL

dijous, 9 de gener del 2014

El meu amic Joaquim Gomis


Ens férem amics al Seminari. Vam formar un grup amb altres companys. Ell era del curs de Mn. Jordi Sànchez Bosch. Ni l’un ni l’altre van ser rectors de parròquia, però tots dos escriptors i estudiants a Salamanca i a Roma. Incorporat a la pastoral litúrgica, va ser durant molts anys el gerent del C.P.L. de Barcelona i director de la publicació, tan utilitzada a les parròquies, “Missa Dominical”. Com els seus germans, Llorenç i Joan, dedicat al periodisme. Amb el seu amic, i també meu, Joan Llopis en la primera etapa del diari AVUI dirigiren la pàgina religiosa en la qual em demanaren de col.laborar-hi. El seu tarannà tranquil el va fer molt atractiu als joves i els dedicà el llibre “Carta a set joves”. Les seves aportacions a “El Ciervo” i “Foc Nou” han estat molt valuoses amb una crítica encertada i plena de bon humor envers l’Església i la nostra societat.

El seu enterrament, el passat dia 23, a la seva parròquia de sant Just Desvern, presidit pel bisbe Pere Tena, va ser molt viscut. La seva esposa, la Montserrat Obiols, els familiars, els mossèns, els que foren els seus joves i tants amics hi vam participar amb esperit agraït.
Mossèn Lluís Bonet