dimarts, 28 de gener del 2014

In memoriam Joaquim Gomis Sanahuja (1931-2013)

(Mons. Pere Tena, publicat a la revista "Phase") Cuatro días antes de Navidad, y pocas semanas después del 50º aniversario de la promulgación de la Constitución Sacrosanctum Concilium, el día 21 de diciembre del año 2013, fallecía repentinamente Joaquim Gomis. Había cumplido 82 años. No es esta, sin duda, la noticia que me gusta escribir en estas páginas de Phase, para comunicarla a los lectores que, desde los primeros números de la revista, y a lo largo de muchos años, han visto en ella su nombre como redactor jefe, y han podido apreciar sus artículos siempre sugerentes, y especialmente en estos últimos años comunicadores de recuerdos y vivencias personales en relación con los miembros del consejo de Phase, con «los colores» de la revista, con la memoria de mucho trabajo realizado. En el último e-mail que recibí de él me hablaba de un artículo que estaba preparando sobre dos amigos que habían pertenecido al consejo de Phase y que él apreciaba particularmente: el padre Adalberto María Franquesa y don Ignacio Oñatibia.
He subrayado al principio las referencias litúrgica y eclesial de la muerte de Gomis porque son dos coordenadas que ponen un marco significativo a este hecho, tan común y a la vez tan entrañablemente sentido cuando ocurre; dos coordenadas que, en cierta manera, definen una parte muy importante de lo que ha sido su experiencia cristiana y su trabajo en la pastoral litúrgica.
El Adviento era ya, el día 21, clara y directa preparación para la solemnidad del Nacimiento del Señor; pero no se había apagado –en realidad no se apaga nunca, y tampoco en la misma fiesta de Navidad- el eco de los anuncios y súplicas acerca de la venida del Señor: «Ven, Señor Jesús! Sí, estoy a punto de llegar» (Ap 22,20). La muerte es una realización auténtica de la «venida» del Señor en nuestra existencia, una puerta estrecha que hay que traspasar para entrar en el sí definitivo de Dios a los que han caminado por el camino de la fe. Gomis quería que estas realidades de la fe fueran vividas conscientemente por los cristianos, y fueran anunciadas a todos los hombres. Sus iniciativas en el Centre de Pastoral Litúrgica de Barcelona se orientaban sobre todo en este campo. La publicación más difundida del CPL –Misa Dominical– fue una iniciativa suya, y es justo reconocer que ha sido desde hace años, y es todavía, un subsidio eficaz y de calidad para la pastoral litúrgica.
Evocar en esta ocasión el 50º aniversario de Sacrosanctum Concilium es evocar todo el trabajo de Gomis en el Centro de Pastoral Litúrgica, y más directamente, en este caso, en la revista Phase. Desde las primeras galeradas, del año 1959, Gomis estuvo presente en la confección de la revista. Con él, juntamente con Farnés, Bellavista y Llopis, preparamos ilusionadamente el comentario a Sacrosanctum Concilium publicado en el núm. 19 de Phase (1/1964), casi como una primicia en la literatura de la Constitución. No es un lugar común afirmar que, sin su colaboración, la revista difícilmente habría llegado a ser lo que es ahora. Es lo mínimo que se puede decir, a mi entender, como merecido homenaje a nuestro amigo. Con el bien entendido de que no me refiero solamente al hecho editorial, sino también a la orientación misma del contenido.
La actitud de Gomis fue siempre positiva. Había asimilado la orientación del beato Juan XXIII, que le marcó intensamente, y que hizo de él un fervoroso del Concilio Vaticano II. En las reuniones del consejo de dirección de Phase, en las conversaciones y comentarios, ponía muchas veces el contrapunto a las lamentaciones por las dificultades y las desviaciones en la celebración litúrgica, haciendo notar lo que era bueno en la realidad pastoral. Los juicios duros le ponían en una situación enojosa.
He pensado, en estos últimos días, en la vocación de Joaquim Gomis. Ha sido con motivo de la lectura que formó parte de la liturgia de la Palabra en sus exequias: el texto de Apocalipsis 14,13: «Oí una voz que decía desde el cielo: Escribe esto…» El texto se había escogido en función de la promesa del descanso: «por cuanto sus buenas obras los acompañan»; pero me impresionó la actualización que recibía en la persona de Gomis la llamada a «escribir». Es realmente lo que ha hecho nuestro amigo, en muchas ocasiones, a lo largo de su vida. Desde los artículos de sus años de Seminario y los primeros libros, hasta su último momento; falleció cuando acababa de redactar un texto en el ordenador. En medio, además de sus artículos en Phase, ha sido colaborador y cofundador de las revistas El Ciervo, y Foc Nou, encargado de la página de información religiosa en los primeros años del periódico Avui, colaborador regular de Vida Nueva, además de varios libros, etc.
Cuando, en el próximo mes de febrero, se reunirá, si Dios quiere, el Consejo de dirección de Phase, notará la ausencia de Joaquim Gomis, como hemos notado otras veces la de otros entrañables amigos. Reconoceremos la impronta que ha dejado en nuestras vidas y en la revista, recordaremos su dedicación, y la generosidad con que abordó los momentos difíciles y comprometidos por los que pasó esta publicación, y el mismo Centre de Pastoral Litúrgica, que él gestionó durante muchos años. Y, sobre todo, daremos gracias a Dios por los dones que le ha concedido en su vida mortal, y pediremos una vez más al Señor que le acoja en su reino.

+ Pere Tena
(Publicat a la revista Phase, núm. 319, de gener-febrer 2014)

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