(Mons. Pere Tena, publicat a la revista "Phase") Cuatro días
antes de Navidad, y pocas semanas después del 50º aniversario de la
promulgación de la Constitución Sacrosanctum Concilium, el día 21 de
diciembre del año 2013, fallecía repentinamente Joaquim Gomis. Había cumplido
82 años. No es esta, sin duda, la noticia que me gusta escribir en estas
páginas de Phase, para comunicarla a los lectores que, desde los
primeros números de la revista, y a lo largo de muchos años, han visto en ella
su nombre como redactor jefe, y han podido apreciar sus artículos siempre
sugerentes, y especialmente en estos últimos años comunicadores de recuerdos y
vivencias personales en relación con los miembros del consejo de Phase,
con «los colores» de la revista, con la memoria de mucho trabajo realizado. En
el último e-mail que recibí de él me hablaba de un artículo que estaba
preparando sobre dos amigos que habían pertenecido al consejo de Phase y
que él apreciaba particularmente: el padre Adalberto María Franquesa y don
Ignacio Oñatibia.
He subrayado al
principio las referencias litúrgica y eclesial de la muerte de Gomis porque son
dos coordenadas que ponen un marco significativo a este hecho, tan común y a la
vez tan entrañablemente sentido cuando ocurre; dos coordenadas que, en cierta
manera, definen una parte muy importante de lo que ha sido su experiencia
cristiana y su trabajo en la pastoral litúrgica.
El Adviento era
ya, el día 21, clara y directa preparación para la solemnidad del Nacimiento
del Señor; pero no se había apagado –en realidad no se apaga nunca, y tampoco
en la misma fiesta de Navidad- el eco de los anuncios y súplicas acerca de la
venida del Señor: «Ven, Señor Jesús! Sí, estoy a punto de llegar» (Ap 22,20).
La muerte es una realización auténtica de la «venida» del Señor en nuestra
existencia, una puerta estrecha que hay que traspasar para entrar en el sí
definitivo de Dios a los que han caminado por el camino de la fe. Gomis quería
que estas realidades de la fe fueran vividas conscientemente por los cristianos,
y fueran anunciadas a todos los hombres. Sus iniciativas en el Centre de
Pastoral Litúrgica de Barcelona se orientaban sobre todo en este campo. La
publicación más difundida del CPL –Misa Dominical– fue una iniciativa
suya, y es justo reconocer que ha sido desde hace años, y es todavía, un
subsidio eficaz y de calidad para la pastoral litúrgica.
Evocar en esta
ocasión el 50º aniversario de Sacrosanctum Concilium es evocar todo el
trabajo de Gomis en el Centro de Pastoral Litúrgica, y más directamente, en
este caso, en la revista Phase. Desde las primeras galeradas, del año
1959, Gomis estuvo presente en la confección de la revista. Con él, juntamente
con Farnés, Bellavista y Llopis, preparamos ilusionadamente el comentario a Sacrosanctum
Concilium publicado en el núm. 19 de Phase (1/1964), casi como una
primicia en la literatura de la Constitución. No es un lugar común afirmar que,
sin su colaboración, la revista difícilmente habría llegado a ser lo que es
ahora. Es lo mínimo que se puede decir, a mi entender, como merecido homenaje a
nuestro amigo. Con el bien entendido de que no me refiero solamente al hecho
editorial, sino también a la orientación misma del contenido.
La actitud de
Gomis fue siempre positiva. Había asimilado la orientación del beato Juan
XXIII, que le marcó intensamente, y que hizo de él un fervoroso del Concilio
Vaticano II. En las reuniones del consejo de dirección de Phase, en las
conversaciones y comentarios, ponía muchas veces el contrapunto a las
lamentaciones por las dificultades y las desviaciones en la celebración
litúrgica, haciendo notar lo que era bueno en la realidad pastoral. Los juicios
duros le ponían en una situación enojosa.
He pensado, en
estos últimos días, en la vocación de Joaquim Gomis. Ha sido con motivo de la
lectura que formó parte de la liturgia de la Palabra en sus exequias: el texto
de Apocalipsis 14,13: «Oí una voz que decía desde el cielo: Escribe esto…» El
texto se había escogido en función de la promesa del descanso: «por cuanto sus
buenas obras los acompañan»; pero me impresionó la actualización que recibía en
la persona de Gomis la llamada a «escribir». Es realmente lo que ha hecho
nuestro amigo, en muchas ocasiones, a lo largo de su vida. Desde los artículos
de sus años de Seminario y los primeros libros, hasta su último momento;
falleció cuando acababa de redactar un texto en el ordenador. En medio, además
de sus artículos en Phase, ha sido colaborador y cofundador de las
revistas El Ciervo, y Foc Nou, encargado de la página de
información religiosa en los primeros años del periódico Avui,
colaborador regular de Vida Nueva, además de varios libros, etc.
Cuando, en el
próximo mes de febrero, se reunirá, si Dios quiere, el Consejo de dirección de Phase,
notará la ausencia de Joaquim Gomis, como hemos notado otras veces la de otros
entrañables amigos. Reconoceremos la impronta que ha dejado en nuestras vidas y
en la revista, recordaremos su dedicación, y la generosidad con que abordó los
momentos difíciles y comprometidos por los que pasó esta publicación, y el
mismo Centre de Pastoral Litúrgica, que él gestionó durante muchos años. Y,
sobre todo, daremos gracias a Dios por los dones que le ha concedido en su vida
mortal, y pediremos una vez más al Señor que le acoja en su reino.
+ Pere Tena
(Publicat a la revista Phase, núm. 319, de gener-febrer 2014)
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